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VENTANAS DE OTROS QUE ABREN HACIA NOSOTROS

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Publicado por 28 noviembre, 2016

No son pocas las situaciones que nos encontramos en que una actuación anómala ha ido dejándose estar y al cabo del tiempo se ha convertido en irremediable. Muchas veces introducimos en nuestros elementos materiales matices afectivos que no harán sino perjudicarnos tarde o temprano.

Dentro de la servidumbres legales el código civil recoge en los artículos 580 a 585, la llamada servidumbre de luces y vistas, por un lado el código determina que ningún medianero podrá, sin consentimiento del resto, abrir ventana o hueco alguno en pared medianera.

También se permite abrir en pared no medianera, contigua a una finca ajena, ventanas para recibir luces, eso sí con unas dimensiones establecidas, 30 centímetros en cuadrado, y unas características específicas con rejas de hierro remetida en la pared y red de alambre. No podrá además abrir ventanas si, entre la pared y la finca del vecino, no hay al menos 2 metros de distancia; ello, sin tener en cuenta distancias inferiores o superiores que puedan establecerse en la normativa urbanística correspondiente.

Estos huecos, denominados “de tolerancia”, no implican ni constituyen una servidumbre de luces sobre el predio ajeno en favor del dueño del inmueble que las abre.

Ahora bien, no podemos olvidar que esos pretendidos huecos de tolerancia pueden, cumplimentando unos ciertos requisitos, convertirse en un signo aparente de servidumbre y poder llevar a cabo su adquisición por vía de prescripción adquisitiva (transcurso del tiempo de 20 años) para ello será imprescindible ostentar la posesión en concepto de dueño y dado que se trata de pared propia y de huecos de tolerancia, la posesión será además a título de servidumbre y no de mera tolerancia, con todos los requisitos que determina el código para las servidumbre aparentes (que son aquellas que se encuentran a la vista de los hombres), lo que nunca será posible para los huecos que hemos citado en tanto en cuanto no constituyen signo aparente de servidumbre.

Además sería una servidumbre negativa (aquellas que prohíben al dueño del predio sirviente hacer algo que le sería lícito sin la servidumbre) por lo que el plazo para la adquisición, esos 20 años de los que hablábamos no comenzaría a contar desde la apertura de huecos, sino desde que se produce el hecho obstativo que requiere el código o aquel acto formal (hacer lo que le sería lícito sin la existencia de la servidumbre).

En síntesis, que para poder plantearse la posible adquisición de la servidumbre de luces, se requiere, en la doctrina del tribunal supremo, que realmente nos encontremos con huecos para luces con las características que hemos establecido, que, desde luego, no lo son si permiten vistas o su tamaño es muy superior al contemplado y que, ante el pretendido cierre por el titular del predio pretendidamente sirviente, el dueño del predio favorecido por los huecos no se oponga al mismo. Sólo en este caso comenzará a computarse el plazo de 20 años para la adquisición auténtica de la servidumbre de luces y vistas.

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